¿Adiós al e-mail? El impacto ambiental de nuestra actividad online

  • July 31, 2019

La contaminación digital no tiene olor, ni color, pero está ahí. Parece invisible, pero su huella de carbono es tan alta que, si fuese un país, sería el tercer mayor consumidor de energía del mundo. ¿Por qué contaminan tanto las nuevas tecnologías? Y, sobre todo, ¿cómo podemos limitar el impacto ambiental de nuestro consumo digital? ¿Cómo podemos ser más ecológicos delante de la pantalla?

¿Qué contaminación generan las nuevas tecnologías digitales?

El sector digital genera varios tipos de contaminación. En primer lugar, la contaminación que conlleva la fabricación de aparatos electrónicos. Para fabricar un ordenador se utilizan 22 kg de productos químicos, 240 kg de combustibles fósiles y 1.500 litros de agua, según el estudio WeGreenIT realizado por la ONG Fondo Mundial para la Naturaleza en Francia en 2018. La eliminación de estos aparatos al final de su vida útil tampoco es ejemplar: entre el 70 y el 90 por ciento de los RAEE (Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos) no respeta los procesos de reciclaje dictados a nivel internacional, según el mismo estudio. Resulta difícil, cuando uno es un simple usuario, paliar estos factores de contaminación. Lo único que podemos hacer es alargar al máximo la vida útil de nuestro ordenador o teléfono móvil y/o elegir alguno de los pocos fabricantes eco-responsables que existen, como Fairphone, una de las primeras empresas que fabrica teléfonos éticos con materiales reciclables.

Sin embargo, entre el momento de la fabricación y el final de la vida útil de los aparatos electrónicos que utilizamos, se produce otro tipo de contaminación sobre la que tenemos más margen de maniobra: la que genera nuestro consumo digital diario. Nuestro consumo de Internet en un año es el responsable de la emisión del 2% de los gases del efecto invernadero, es decir, ¡lo mismo que el transporte aéreo del mundo entero en el mismo espacio de tiempo! Sin embargo, a día de hoy, son muy pocos los españoles que conocen la noción de ecología digital.

Este tipo de contaminación se debe principalmente al almacenamiento de información en enormes data centers (centros de datos), que consumen una gran cantidad de energía. Pues no, tus archivos en realidad ¡no están almacenados en la nube! Ten en cuenta que algunos de estos centros de datos son del tamaño de un estadio de fútbol, contienen miles de ordenadores conectados a Internet y funcionan las 24 horas del día. Almacenan y envían información (e-mails, vídeos, documentos) de forma permanente. Son centros que requieren una enorme alimentación eléctrica, además de sistemas de refrigeración adecuados.

El principal culpable: el e-mail

A primera vista, enviar un e-mail consiste en un simple clic, pero lo cierto es que se trata de una transferencia que requiere mucha energía: el mensaje pasa por los cables del proveedor de acceso a Internet del emisor, llega a su centro de datos y después se dirige hacia el centro de datos del destinatario. Además, un e-mail almacenado en una cuenta de correo electrónico durante un año emite 19 g de CO2, y enviar un e-mail y poner en copia a 10 personas multiplica las emisiones de CO2 por cuatro.

Otra cifra alarmante: enviar 33 e-mails de 1 MB a dos destinatarios cada día produciría 180 kg de CO2 al año, es decir, lo mismo que produce recorrer 1.000 km en coche. Se envían 293.000 millones de e-mails cada año en el mundo, de los cuales el 80% no llega a abrirse nunca… ¡Echa cuentas!

Pero los e-mails no son los únicos culpables de las emisiones de CO2. Cada vez que hacemos una búsqueda en Internet, nuestra petición recorre miles de kilómetros de cables. Tener varias pestañas abiertas también consume energía, pues las páginas web que no cerramos conectan continuamente con sus servidores. Ver un vídeo en streaming con el móvil en 4G consume 23 veces más de energía que hacerlo conectado a wifi, pues los datos móviles envían señales a las antenas repetidoras permanentemente. Por último, si eres aficionado a las criptomonedas, deberías saber que producir bitcoins también requiere gran cantidad de energía y que una transacción consume de media lo mismo que que una casa donde vivan dos personas durante dos semanas, según el estudio de WeGreenIT.

Ejemplos de empresas que hacen los deberes

El gran impacto de la contaminación digital ha hecho que algunas empresas hayan empezado a aplicarse y a hacerse cargo del problema. Un ejemplo de buen alumno es la aplicación española Cabify, pues más allá de otras cuestiones relativas a su modelo negocio, la compañía asegura que neutraliza todas sus emisiones de carbono. Esto significa que mide su huella de carbono y la compensa financiando proyectos que contrarrestan la cantidad de CO2 que genera su actividad.

En Silicon Valley, las GAFA (las empresas tecnológicas más poderosas del mundo) también se han comprometido a alimentar sus servidores únicamente con energía 100% renovable, es decir, energía procedente de placas solares, aerogeneradores o presas hidroeléctricas. Google y Apple ya aseguran abastecerse exclusivamente de este tipo de energía. Facebook debería alcanzar el objetivo en el año 2020, y Amazon declara haber recorrido la mitad del camino.

En cambio, no aprueba Netflix. Según Clickclean, la página web desarrollada por Greenpeace gracias a la cual tú también puedes comprobar si tus aplicaciones funcionan con energía renovable o sucia, el proveedor de contenido online se abastece de energías fósiles (el 30% proviene del carbón, el 26% es energía nuclear y solo el 17% procede de fuentes de energías limpias).

¿Qué puedes hacer tú?

Evidentemente, resultaría muy complicado volver a trabajar solo con papel, pero sí podemos limitar nuestra huella digital llevando a cabo pequeñas acciones que, a lo mejor sin saberlo, reducen las emisiones de CO2.

1. Gestiona tus e-mails de manera más eficaz

  • Siempre que sea posible, evita enviar mensajes inútiles. Si necesitas decirle algo a un compañero de trabajo, por ejemplo, opta por levantarte y hablar con él.
  • Utiliza una herramienta de mensajería profesional interna, como Slack, pues consume menos energía que los e-mails.
  • No incluyas muchos destinatarios en copia si no es necesario.
  • Comprueba tu e-mail antes de enviarlo y evita así el famoso “Lo siento, en mi e-mail anterior olvidé adjuntar el archivo”.
  • Utiliza una herramienta antispam y vacía regularmente tu papelera de reciclaje y tu bandeja de correo no deseado.
  • Date de baja de todas las newsletters que no leas con la ayuda de Cleanfox.
  • ¡Deja de leer tus e-mails continuamente!
  • Dedica solo un par de periodos al día a leer y contestar e-mails. No solo harás algo por el planeta, sino que ganarás en eficacia porque te interrumpirán menos. Según Cleanfox se necesitan 64 segundos para volver a concentrarse después de abrir un mensaje.
  • Utiliza un USB si necesitas transferir un archivo a un compañero.
  • Cuando tengas que enviar un archivo grande, elige un servicio de transferencia que utilice un enlace de descarga en una web (como WeTransfer, por ejemplo) y así evitarás que el archivo quede almacenado en los diez servidores de la herramienta de mensajería. Si utilizas un enlace solo quedará almacenado en el servidor que lo aloje.
  • Comprime los archivos que envíes por e-mail.

2. Utiliza mejor tu navegador

  • Utiliza motores de búsqueda eco-responsables, como Lilo o Ecosia, para reducir tu huella de carbono.
  • Sé preciso cuando hagas búsquedas. Si la palabra clave que utilizas es la adecuada, ahorrarás la energía necesaria para recorrer unos 40km en coche.
  • Escribe directamente en la barra de direcciones del navegador (y no en la del motor de búsqueda) cuando vayas a visitar una página que ya hayas consultado antes. El historial te dirigirá a la web directamente y evitarás que tu búsqueda vaya y vuelva a los centros de datos.
  • Utiliza tu barra de favoritos y evita repetir búsquedas idénticas.
  • No olvides cerrar las pestañas que no estés utilizando.

3. Desconecta más a menudo

Además…

  • Olvídate de la alta definición. ¡Prueba a ver tus series favoritas en baja resolución! En streaming, este gesto permite consumir entre cuatro y diez veces menos de energía que en alta definición. Sabemos que no es fácil, ¡pero todo sea por una buena causa!
  • Aunque cueste de creer, a veces puede resultar más ecológico imprimir: es preferible imprimir los documentos de más de cuatro páginas, que tardamos más de 15 minutos en leer (en blanco y negro, a doble cara y dos páginas por hoja) que leerlos en pantalla.

En la actualidad, la mitad del mundo está conectado, y la situación va en aumento. La ecología digital sigue siendo una gran desconocida, pero lo cierto es que es un problema importante en el que tendríamos que implicarnos todos, tanto a nivel individual como a nivel de empresas.

Evidentemente, este artículo también va a acabar almacenado en un servidor a cientos o miles de kilómetros de tu casa, así que ¡confiamos en que tu huella de carbono se verá compensada por las buenas acciones que pondrás en marcha tras leer nuestros consejos!

¿Un último apunte? Mira este vídeo: How to: Llevar la ecología al trabajo.

Traducido por María Gutiérrez

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Marie de Castelet

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